El miedo a no saber qué decir
Mucha gente me escribe y, antes de reservar, me lanza la misma frase: «es que nunca he hecho esto, no sé muy bien cómo va». A veces con curiosidad, a veces con un poco de vergüenza, como si hubiera que llegar preparado a un examen.
No hay examen. Si es tu primera consulta, lo único que necesitas traer es lo que ya traes puesto: una duda, un malestar, una decisión que te ronda. Del resto me encargo yo. Aun así, hay unas pocas cosas que, si las tienes claras antes de empezar, hacen que la sesión te aproveche mucho más.
No hace falta que sepas nada de tarot
No necesitas conocer las cartas, ni haber leído sobre arcanos, ni entender qué es una tirada. Yo trabajo con las cartas; tú trabajas con tu vida. Durante la lectura te voy explicando lo que veo en un lenguaje normal, sin tecnicismos y sin frases misteriosas.
Tampoco tienes que «creer» en nada concreto para que la sesión te sirva. Muchas de las personas que me consultan llegan escépticas y con la guardia alta. Es una posición perfectamente razonable y no la vivo como un obstáculo: al final lo que hacemos es mirar juntas tu situación con calma, y eso funciona igual desde la duda que desde la fe.
Antes de la sesión: encuentra tu pregunta
Esto es lo único que de verdad te pido que traigas pensado, y es lo que más diferencia una lectura floja de una lectura útil. No hace falta que sea una pregunta perfecta ni bien formulada. Basta con que sepas qué te ha traído hasta aquí.
Si no sabes por dónde empezar, prueba a completar alguna de estas frases:
- Llevo semanas dándole vueltas a…
- Lo que más me pesa ahora mismo es…
- Tengo que decidir entre… y…
- Hay algo en mi relación con… que no termino de entender.
- Me gustaría saber qué necesito soltar de…
Si al leerlas se te ha encogido algo por dentro con una de ellas, esa es tu pregunta. No hace falta pulirla más.
Una pregunta abierta rinde más que una cerrada
«¿Va a volver?» y «¿qué necesito entender de esta relación?» parecen la misma consulta, pero abren espacios muy distintos. La primera se cierra con un sí o un no y te deja donde estabas. La segunda te da algo con lo que seguir trabajando el resto de la semana.
No te preocupes si llegas con la versión cerrada: es lo más natural del mundo, y parte de mi trabajo es ayudarte a reformularla al principio de la sesión. Lo desarrollo con más detalle en el artículo sobre cómo formular preguntas en una lectura de amor.
Elegir el momento y el canal
Las consultas son por teléfono o por mensaje, lo que te resulte más cómodo. Si es tu primera vez, mi recomendación sincera es el teléfono: la conversación fluye, puedo preguntarte cosas sobre la marcha y tú puedes decirme «espera, eso no lo veo así». Las lecturas por mensaje funcionan bien cuando ya nos conocemos o cuando prefieres releer con calma lo que te he contado.
Sobre el momento: busca un rato en el que no te vayan a interrumpir. Suena obvio, pero es la diferencia entre escucharte de verdad y estar pendiente del reloj. No hace falta ninguna preparación especial más allá de eso: ni velas, ni un sitio concreto, ni un estado de ánimo determinado.
Qué ocurre durante la lectura
Empezamos hablando. Me cuentas tu situación con el detalle que quieras darme —ni más ni menos— y entre las dos afinamos la pregunta. Después preparo la tirada y te voy compartiendo lo que percibo: qué cartas han salido, qué me sugieren en tu contexto concreto y qué sensaciones aparecen mientras leo.
No es un monólogo. Puedes interrumpirme, matizar o decirme que algo no te encaja. De hecho, cuando alguien me dice «eso no lo veo» suele ser justo el punto donde la lectura se pone interesante, porque ahí aparece algo que merece la pena mirar despacio.
Si quieres ver los distintos tipos de lectura antes de decidirte, los tienes explicados uno a uno en la página de servicios.
Qué no vas a encontrar en una consulta conmigo
Prefiero decirlo antes que después. No hago predicciones cerradas con fechas ni te voy a decir que alguien va a volver un día concreto. No trabajo con amarres ni con nada que pretenda influir en la voluntad de otra persona. Y no sustituyo el criterio de un médico, un psicólogo, un abogado o un asesor financiero: si tu situación pide eso, te lo diré con claridad.
Lo que sí encontrarás es un rato tranquilo para ordenar lo que sientes, ver opciones que quizá no estabas considerando y salir con algo concreto entre las manos.
Después de la sesión
Es habitual salir con una mezcla de alivio y cabeza revuelta. Dale unos días. Lo que se dice en una lectura suele terminar de encajar cuando lo llevas a tu vida cotidiana y compruebas qué resuena y qué no.
Si te queda alguna duda suelta, escríbeme y lo hablamos: no hace falta reservar otra consulta para eso.
Y si has llegado hasta aquí leyendo, probablemente ya sabes cuál es tu pregunta. Escríbeme cuando quieras y buscamos un hueco.
